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Alcantarilla se ha convertido en una ciudad dormitorio
de Murcia por la escasa distancia que las separa -unos 7
kilómetros- y la sucesión ininterrumpida de
viviendas que jalonan los accesos comunes. No obstante,
Canthara-Eskebah, primer topónimo de esta alquería
musulmana que el geógrafo Al-Idrisi citó en
el siglo XII como paso obligado para trasladarse de Murcia
a Almería, tiene su propia historia e identidad.
No fueron los árabes sus primitivos pobladores, sino
los romanos, que aprovechando el caudal del río cultivaron
algunas de estas tierras y construyeron en el siglo IV antes
de Cristo un acueducto. "Para caminar de Murcia se
ha de dirigir el viajero al Puente Ascayato" indicaba
el Nubiense, a lo que Juan Lozano agregó: "Juzgaba
yo hallar sobre Sangonera los vestigios del puente, pero
todo fue en vano. Mas aquí, a una legua, pasada la
Alcantarilla, se halla un célebre puente, el del
Pontarrón. Sus ruinas son del todo romanas".
Al parecer, Alcantarilla tomó su nombre de este pequeño
puente, si nos ajustamos a la traducción de Canthara-Eskebah:
"el puente más próximo", aunque
a partir de la reconquista castellana el nombre de la villa
se modificase por el de Alcantariella o puente pequeño.
Este puente de las Pilas, como la voz popular lo identifica,
forma parte de la leyenda medieval referida al hecho milagroso
que dió lugar al patronazgo de la Virgen de la Salud.
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